Carta adelantada a los reyes magos  (a quién corresponda)

El día 20, elegimos a los que nos deben representar durante los  próximos 4

Los Reyes Magos son los clips de playmobil

años. En un escenario con unos niveles de volatilidad en el voto nunca vistos en los casi 40 años de democracia en estos lares, pocos o ninguno han hablado sobre ciencia. Se nota que la ciencia en este país da pocos votos. ¿O no?. Algún candidato ha comentado que se debe volver a niveles de inversión anteriores a los recortes. Creo que es una medida necesaria, pero creo que son más necesarias unas reformas de tipo estructural para poder llevar a cabo una transformación cuantitativa y cualitativa en el modelo productivo que impera actualmente, y que ha sido una de las causas de la crisis que aún da coletazos que deshaucian familias y hacen que nuestros jóvenes tengan que inmigrar para posiblemente no volver jamás.

Como comentaba, creo que las propuestas programáticas en los debates han sido nulas o casi nulas. No me he mirado los programas pero si de verdad se desea también cambiar la manera de practicar la democracia de una forma más participativa, voy a poner en papel algunas ideas que podrían ayudar a mejorar de una vez por todas la ciencia y su peso en la economía:

  1. Realizar de una vez por todas un plan nacional de la ciencia, donde se establezcan las pautas a seguir a medio y largo plazo, con la implicación de todos los estamentos importantes. El cortoplacismo es el gran mal, el hacer cambios para una sola legislatura que son cambiados en la siguiente. No ha funcionado y no funcionará  por que la ciencia requiere tiempo y buen hacer. No basta con crear una agencia para la investigación a finales de legislatura.
  2. Sin un desarrollo de un curriculum científico en todos los grados de la enseñanza no conseguiremos dar ese salto cualitativo que tanto se necesita. Que la ciencia siga siendo para los que hemos estudiado carreras cientificas es una cosa que debe acabar ya. Hay que saber más y mejor. Tenemos que despertar el amor al conocimiento cientifico desde el principio de la educación reglada y no reglada.
  3. Debe existir más movilidad de profesionales investigadores, ya sea en las universidades o en los centros de investigación públicos y privados. Esa movilidad  nos asegurará nuevas ideas y nuevas maneras de hacer que nos mantendrán en la cresta de la ola del conocimiento.
  4. Debemos ser capaces de poder competir con las universidades extrangeras a la hora de atraer talento. Se necesitan carreras cientificas definidas y sueldos un pelín más competitivos.
  5. Debe incentivarse la creación de un tejido empresarial que esté basado en la ciencia y por ende en el conocimiento. Ya sean biotechs, farmacéuticas o empresas de servicios que estén relacionadas con la ciencia. Cada € que se invierte en ciencia genera 2€. Evidentemente, no es a corto plazo, pero es una apuesta de futuro más segura que el turismo y el ladrillo.

Con todas estas medidas, tenemos alguna posibilidad de poder cambiar de modelo productivo y convertirnos de una vez por todas en una sociedad moderna, instalada en el nuevo milenio.

Desde aquí os invito a que hagáis vuestras propuestas, y yo se la haré llegar a aquel que llegue al ministerio pertinente.¿Será el de ciencia y tecnología? ¿O estará junto a deportes?¿quizás con cultura? Preguntas y más preguntas…

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No por mucho copular…

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Emly A Impett, co-autora del trabajo

Pues nada, este post seguro que triunfa porque va de sexo. Y si, el título no va tan desencaminado. Y es que más no es mejor. Ya lo dice el dicho que en la mesura está la virtud. Hace poco alguien me comentó algo parecido con el dinero: mucho dinero no te hace más feliz. Se ve que el cálculo es que ganando unos 50.000 € alcanzas una especie de equilibrio, donde los placeres que te da esa cantidad de dinero no se ve ofuscada por los problemas que suele conllevar manejar ingentes cantidades del vil metal. Pues lo mismo parece pasar con los placeres carnales compartidos (a ver si no nos vamos a entender): la relación entre la felicidad y el número de veces del coito no es lineal sino curvilínea. Os explico que os veo interesados 😀.

Esta semana se ha publicado en Social  Psychological

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El meollo de la cuestión. Fuente Wikipedia

 and Personality Science un estudio que analiza los datos obtenidos de 3 estudios anteriores, que llegan a sumar a más de 30.000 participates. En el primer estudio que agrupa los resultados obtenidos de encuestas que se llevan acabo periodicamente en los USA encuentran que las parejas que tienen sexo una vez por semana tienen los niveles de felicidad equivalentes a aquellos que tienen sexo más de una vez por semana. En el segundo estudio, los autores intentan replicar los hallazgos del primer estudio en una muestra solamente con gente en una relación, e intentan confirmar una hipótesis que han obtenido en el primer estudio: que la gente en una relación es más feliz teniendo más sexo porque la frecuencia sexual se asocia con con una mayor satisfacción de pareja. Vuelven a encontrar una relación curvilínea entre frecuencia sexual y niveles de felicidad, como en el anterior estudio. En el terces estudio utilizan los datos obtenidos en una encuesta que se lleva a cabo en los estados unidos con parejas casadas (solo para aclarar, en una relación) y vuelven a testar su hipótesis, obteniendo resultados similares a los anteriores estudios.

 

En la discusión los autores del trabajo argumentan que este trabajo echa por los suelos el concepto establecido de que el sexo ilimitado da felicidad ilimitada. Que no se es más feliz por tener más encuentros carnales si se sobrepasa el polvo semanal (en relaciones de pareja). Se preguntan también que si esa es la frecuencia media sea debido a que aumentarla basicamente no da más felicidad. O si la felicidad está relacionada con la frecuencia que tienen otras parejas (que al ser uno a la semana quedas bien). También justifican que no pueden dar ningun tipo de relación causal. Y acaban diciendo que no siempre más es mejor, que con el sexo pasa como con el dinero: tener poco es lo triste.

Referencias

  • Amy Muise, Ulrich Schimmack, and Emily A. Impett. Sexual Frequency Predicts Greater Well-Being, But More is Not Always Better Social Psychological and Personality Science 1948550615616462first published on November 18, 2015 doi:10.1177/1948550615616462 Artículo
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Mala Farma por Ben Goldacre

Pues ya está, al final me he acabado Mala Farma de Ben Goldacre. Si os acordáis, hará cosa de unos de meses que en estas líneas hice la reseña de su otro libro, Mala Ciencia.

Ben Goldacre, autor de Mala Farma - Foto: Iona Hodgson

Ben Goldacre, autor de Mala Farma – Foto: Iona Hodgson

Como el título indica, este libro habla de las tropelías que la industria farmacéutica comete para poder vendernos sus productos. Como acostumbra el autor, es un libro escrito con una prosa ágil y cercana. El tema es más farragoso que el de su anterior trabajo, hay más base de estadística y eso hace su lectura a veces cueste un poco, sobre todo si no estas muy acostumbrado a la metodología. Pero está muy bien estructurado y sobre todo muy bien documentado. Es un libro que pedí en la biblioteca, pero que posiblemente compre, ya que es una buena obra de referencia que vale la pena tener a mano para poder consultar la bibliografía empleada.

Como iba explicando, el trabajo exhaustivo de Ben Goldacre nos lleva en un viaje aterrador a un mundo donde los datos de los ensayos clínicos se esconden, en el mejor de los casos, sino se falsean directamente. Es un terreno en el cual la investigación para nuevos fármacos más eficaces es translocada por un simple, ahora le agrego este nuevo radical a esta molécula que se que funciona y así me saco una nuevo compuesto que patentar por la cara. Después pasamos por un mundo donde los datos que los ensayos clínicos arrojan se leen al antojo del exponsor, donde los resultados obtenidos pueden ser los que él quiera o desee, y no los que se había puesto en la documentación previa. El autor después nos hace pasar por un paisaje más luminoso, dónde nos desglosa algunas propuestas para que esos ensayos que ahora se esconden, se falsean o se malinterpretan (solo os tenéis que pasar por este post y por este para ver algunos que hemos comentado en el blog) sean más fiables y arrojen la mejor información posible. Son propuestas que asombran por su sencillez. Pero el bueno de Ben nos ha dejado el peor de los destinos para el final de este recorrido: un país donde lo que manda es el marketing, y como sin darnos cuenta la publicidad acaba por cubrir todos los aspectos posibles, incluso aquellos que deberían sacrosantos. Al final, a modo de epílogo, nos vuelve a dar algunas pistas de como arreglar el entuerto, pero está claro que es necesaria la implicación de todos los afectados, desde la industria, a los pacientes, pasando por todos los engranajes, incluyendo a las agencias reguladoras.

No soy muy amigo de las teorías conspiranoicas, y me niego a pensar que muchos de los defectos estén hechos a conciencia. Simplemente creo que la industria farmacéutica peca a veces de demasiado industria, y le falta entender (no a todos sus miembros, pero si creo que a los que están en marketing y en business development) de que el paciente es lo importante. Así que creo que hay esperanza, que lo primero para poder arreglar un problema es poder reconocerlo y poder empezar de nuevo. 

En definitiva, un buen libro, en el que además de poner el dedo en la llaga, se proponen soluciones sencillas para que en definitiva todos estemos mejor informados y por lo tanto, tomemos mejor las decisiones que incumben a un tema tan delicado como es la gestión de la salud.

Ficha técnica:

Título: Mala Farma. Cómo las empresas farmacéuticas engañan a los médicos y perjudican a los pacientes.
Autor: Ben Goldacre
Edita: Espasa Libros (Paidos)
Colección: Contextos
Encuadernación: Tapa blanda
Número de páginas: 384
ISBN: 978-8449328435

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Llega Principia Kids, para todos los niños, ya sean menores o adultos.

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Pues ha llegado el nuevo proyecto de la gente de Principia, de los cuales nos sentimos orgullosos colaboradores, y también espero que me encuentre entre orgullosos lectores (me refiero a ustedes). Desde la visión que los proyectos se empiezan con tiempo y buena letra, la educación de los niños en los valores de la ciencia debe ser una cosa que se haga desde el principio. No puede ser que hasta que el niño llegue a la formación reglada no se le eduque y le vaya entrando “el gusanillo” del conocimiento científico. La curiosidad, la experimentación, la honestidad, el error, el resultado, valores en los cuales todo chaval debería ser educado. Este es el objetivo de Principia Kids, sin olvidar el más importante, que es el de entretener y divertir.

A través de historias y cuentos, siempre originales (el material no ha sido publicado en ningún medio, ni en papel ni electrónico), Principia Kids nos va a entretener y a educar a todos. Y encima llega con un montón de recompensas que os van a encantar. Desde una bolsa de esas molonas que llevan ahora todos los hipsters y los que no son tan hipsters, hasta las laminas que ilustran exquisitamente las historias.  Por que las recompensas están al alcance de todos y tienen distintos precios, para que puedas poner lo que puedas o lo que quieras. Y todo ello con una cuidadisima edición, con una exquisitez y cuidado que solo pueden venir de esos proyectos en los que la entrega es absoluta, en los que alma y mente fluyen en un solo sentido para unirse en un solo elemento.

¿Quieres jugar a las cartas con unos genios? Pues clickear aquí mismo para hacerte con el juego de naipes

Y como estos genios piensan en todo, nos han preparado una baraja de cartas especial. Es una baraja donde los protagonistas son científicos importantes y sus inventos: desde Tesla, hasta el buenazo de Edison pasando por Darwin y Por Marie Curie. Un juego que va a entretener a grandes y pequeños, y siempre con las cuidadisimas ilustraciones de Principia.

Así que ya estáis tardando en hacer el pedido para vuestros hijos/sobrinos/primos/hermanos/conocidos. Por que a esta joya no hay que dejarla escapar.

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¿Es una baja frecuencia cardiaca en reposo un valor predictivo para el comportamiento anti-social?

Todos tenemos nuestro corazoncillo. A unos les late más rápidamente que otros. Eso es la frecuencia cardíaca, el número de latidos por espacio de tiempo, normalmente se suelen medir en un minuto. Si lo hacemos cuando no estamos realizando ninguna actividad física,  la velocidad con la que late el corazón es la frecuencia cardíaca en reposo. Hay una variabilidad bastante considerable entre distintas personas en este valor. Para unos será alrededor de los 60 y para otros de los 80, sin que exista ningún tipo de problema: simplemente es una de esas expresiones fisiológicas que nos indican lo diferentes que podemos llegar a ser unos de otros.

Pero cuando al repasar mi bandeja de entrada me encontré este estudio en JAMA Psychiatry no pude evitar mirarme. Además tenía comentario en la editorial. No es mi campo, yo soy biólogo y todo lo que queda en ese campo aunque me encante, considero que carezco de los conocimientos básicos para poder hacer un juicio válido. Pero aquí entramos a mi parecer en un campo que yo me atrevería a decir que es de arenas movedizas. Aunque los datos son lo que son y parecen sólidos. Vamos a ellos.

Es un estudio que se ha realizado en Suecia, y que ha seguido durante más de 35 años a más de 700.000 hombres. En Suecia el servicio militar fue obligatorio hasta el 2010, y al entrar se te cogían una serie de parámetros fisiológicos, entre ellos la frecuencia cardíaca en reposo y la tensión arterial. Después investigadores Suecos y fineses fueron a buscar los datos de crímenes violentos y no violentos a los archivos del estado. Y se encontraron que los sujetos que tenían la frecuencia cardíaca en reposo más baja (menos de 60 pulsaciones/minuto) a los 18 años (la edad de entrada en el servicio militar) tenían tendencia a haber sido encausados por un crimen violento un 39% más de veces y un 25% más en el caso de crímenes no violentos si se comparaban con aquellos que tenían una frecuencia cardíaca superior a las 83 pulsaciones/minuto. Además se encontraron relaciones positivas con la exposición al asalto y con las lesiones no intencionadas en la edad adulta. Y dónde digo frecuencia cardíaca en reposo también puedo decir una  presión arterial sistólica baja. Después de ajustar los datos teniendo en cuenta los efectos de la actividad física, cardiovascular, psiquiátricos, cognitivos y socioeconómicos los datos de tendencia a cometer un crimen por aquellos con una frecuencia cardiaca en reposo baja se quedan en un nada despreciable 49%.

Los autores explican en la discusión del estudio que existen dos grandes teorías que explicarían estos resultados, resultados por otra parte observados en estudios de menos calibre que el presente realizados en los últimos años.  La teoría por la cual una baja frecuencia cardíaca explicaría una tendencia a buscar el aumento de ésta mediante estímulos peligrosos. La otra es la teoría de la falta de miedo. Evidentemente que los autores indican que los datos que se desprenden de este estudio no pueden discriminar entre una y otra teoría.

La polémica está servida. ¿Podría ser la baja frecuencia cardíaca en reposo un elemento clave en la predisposición al crimen?. ¿Son extrapolares los datos obtenidos del registro sueco a otras partes del planeta?. ¿No se estarán olvidando los autores de alguna variable que también sea importante en la predisposición a cometer un crimen o a las conductas anti-sociales?. Pasen, vean y comenten mis queridos amigos.

Referencias.

  • JAMA Psychiatry. 2015 Oct 1;72(10):971-8. doi: 10.1001/jamapsychiatry.2015.1165.
  • JAMA Psychiatry. 2015 Oct 1;72(10):962-4. doi: 10.1001/jamapsychiatry.2015.1364.
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Otro error con un antidepresivo, y ya van…

Lo malo es que empieza a convertirse en habitual. Como el problema de los tiroteos en los estados unidos: que se haya normalizado, no significa que sea bueno. Que pase todos los días no significa que debamos quedarnos con los brazos cruzados observando como sucede. Si hay que quejarse, debemos hacerlo. Y si tiene que se alto y claro, pues que sea de esta manera.

Cada día son más las voces que claman por que todos los datos de los estudios clínicos se hagan públicos para todo el mundo. Actualmente esto no es así, ni se publican todos los datos, ni son completamente públicos. Se da el caso que las agencias gubernamentales que velan por la seguridad de los fármacos (véase la EMA o la FDA), no hacen públicos los documentos que las farmacéuticas están obligadas a entregar para la aprobación de un medicamento, en pos de un supuesto derecho de privacidad. Estos problemas y muchos más los podéis conocer a través de un libro muy didáctico que se llama Mala Farma, de Ben Goldacre. En este blog ya comenté su mala ciencia un imprescindible en la cabecera de nuestras camas o literas.

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“Paxil, June 2003” by Ryan – Flickr. Licensed under CC BY 2.0 via Commons.

Pero vayamos al caso que nos interesa, el famoso estudio 329 que se llevó a cabo en los EE.UU. de América para probar la utilidad y seguridad de la paroxetina para el tratamiento de la depresión en adolescentes. Ese estudio concluyó que tal medicamento mostraba buenos perfiles de seguridad y que era superior al efecto del placebo en la mejora de los síntomas de la depresión en adolescentes. Hasta aquí bien. Pero el problema es que a la paroxetina (recetada durante años y años para el tratamiento de la depresión tanto en adultos como en adolescentes) se ha convertido en la chica a la que nadie quiere sacar a bailar en el baile de graduación. Y es que hace unos años que la empresa comercializadora (GSK) ya tuvo que pagar una fuerte multa por haber manipulado los datos de los ensayos clínicos. Y ahora un reanalisis de los datos del estudio 329 acaba de concluir que ni es mejor que el placebo en el tratamiento de los síntomas de la depresión en adolescentes, ni es más segura. De hecho ES MENOS SEGURA. Parece ser que aumenta el riesgo de suicidio en las personas que la toman. Si a una persona con depresión, la cual ya es fácil que tenga tendencias autodestructivas, le das una pastilla que en vez de quitárselas, le da más, y sin encima lo mezclas con las dificultadas inherentes para la mayoría de adolescentes de adaptarse a la vida adulta, pues nos queda un cóctel explosivo. No sólo eso… parece ser que también hay acusaciones de que el artículo no había sido escrito por ninguno de los 22 autores, sino por un escritor médico contratado externo contratado por la farmacéutica. Ninguno de los autores ni la revista académica se han retractado del artículo. Es esta carta uno de los autores se justifica diciendo que la metodología ha cambiado en estos 24 años, y que nada de escritor negro.

Como he empezado diciendo, cada día son más las voces que abogan por una total transparencia de los datos que surgen de los análisis clínicos. Que 100 pares de ojos repasándolos son mejores que solo una par. Que las cuestiones sobre la privacidad de los pacientes son muy fáciles de solventar. Que en definitiva, debería ser a la industria la primera interesada en que todo funcione como toca, porque el valor está en el paciente y no en la obtención de beneficios a cualquier precio. Porque un paciente contento significa un cliente contento. Y la salud es cosa de todos, no sólo de unos pocos. 

Referencias.

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Tabaquismo, cáncer y longevidad.

Y venga con que la abuela fuma Winston. Fuente Flickr

Y venga con que la abuela fuma Winston. Fuente Flickr

Está claro que la vida mata. No hay nada más cierto que algún día dejaremos de tener un intercambio energético con el exterior, que se pararan la mayoría de reacciones químicas de nuestras células y que dejaremos de existir como seres vivos. Nuestro mayor amigo (el aire que respiramos que contiene oxigeno) es también nuestro mayor veneno: oxida y daña nuestro ADN haciendo que todas nuestras células vayan envejeciendo inexorablemente. No es menos cierto que si tenemos llevamos una vida sana, conseguiremos retrasar la llegada de la señora de la guadaña, al menos en parte. Conocer en cuanto es responsable de nuestra longevidad la manera en que nos comportamos y cuanto lo es nuestra genética puede ayudar a desarrollar nuevas terapias para retrasar el envejecimiento y la enfermedad.

Con ese objetivo un equipo de investigadores de la universidad de California, Los Angeles (UCLA) han comparado el genoma de personas fumadores muy longevas con el de personas de personas fumadoras que no vivieron más de 70 años. El motivo es simple: esas personas fumadoras longevas deben tener algo en sus genes que evitan los daños provocados por el humo del tabaco. Poseen mecanismos celulares capaces de reparar el daño infringido por el humo del tabaco. Mecanismos que están posiblemente ligados a esa longevidad extrema. Realizando esa comparación, fueron capaces de encontrar una serie de genes que pueden ayudar a predecir la predisposición individual a la longevidad, e incluso a la predisposición al cáncer. De hecho, gran parte de los genes descubiertos son genes que son muy importantes en el desarrollo del cáncer. 

Este estudio está en consonancia con lo que se sabía hasta el momento de la longevidad, que es un hecho que viene determinado no por un sólo gen, sino por la combinación de múltiples genes. Es evidente que no se relaciona en ningún momento que el tabaquismo sea el que te provoca la extrema longevidad, sino que es la manera de mirar las características genéticas de ciertos individuos longevos que además son resistentes al estrés fisiológico que les ha provocado toda una vida de aguantar malos humos. Son datos que nos ayudarán a entender no sólo como llegar a más viejos, si no como llegar mejor a viejos. Esos genes son lo que están implicados en evitar lo inevitable de la vida, esos pequeños problemas que se van acumulando y que acaban provocando lo inevitable: que como organismo dejemos de ser capaces de mantener ese equilibrio de reacciones químicas que nos mantienen con vida.

Referencias.

PS, para que veais como debe funcionar la ciencia, podéis pasaros por la sección de comentarios del pubmed, donde otro cientifico mete cera al autor y este a su vez se defiende con argumentos.

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