El poder de la perseverancia.

En 1984 el investigador australiano Barry Marshal se bebió el contenido de un cultivo bacteriano con Helicobacter pylori para demostrar a la comunidad científica que estaba en lo cierto. Que esa bacteria era causante de una de las patologías del siglo XX, del estrés y el fast food: la úlcera gastroduodenal.

Helicobacter pylori en su foto de perfil del Facebook

5 años antes, este científico junto a Robin Warren descubrieron esta bacteria (con este nombre debido a su forma helicoidal), en el estomago de pacientes con úlcera. Ya en el siglo XIX otros científicos habían observado bacterias con forma helicoidal en el estómago de hombres y otros animales, pero estas observaciones pasaron al olvido con el paso del tiempo. Pero en 1982, tras varios intentos infructuosos para cultivar a esta bacteria, dejaron las placas durante los cinco días de la Semana Santa por error a 37ºC en la incubadora, y al volver observaron el crecimiento de las colonias de H. pylori (los cultivos bacterianos se dejan durante un tiempo en la incubadora a la temperatura adecuada -en este caso a 37ºC-, y supongo que ellos esperaban que en un tiempo más corto serían capaces de observar el crecimiento).

 

Placa de Petri con pequeñas colonias de H pylori (pequeños puntos blancos), creciendo en medio de cultivo (Agar de tripticasa de soja (TSA) + 5% sangre de cordero) después de 48h a 37ºC

Nuestros dos científicos decían que si la úlcera estaba provocada por una bacteria, un tratamiento a base de antibióticos sería suficiente para curarla, y no los tratamientos que se usaban entonces con un éxito discutible. Pero estos dos australianos tenían un grave problema, el dogma existente. La comunidad científica no creía capaz a ningún organismo de vivir en el ambiente de extrema acidez existente en nuestro estómago. La acidez del líquido gástrico está entre el pH 1,5 y pH 3, que ayuda a la desnaturalización de las proteínas y a que las enzimas gástricas funcionen correctamente. Y aquí residía el problema: no bastaba con demostrar la existencia de la bacteria en los estómagos de pacientes y su mejoría con antibióticos porque el dogma negaba la posibilidad de existencia. Así que Marshall, se hizo una biopsia para ver que ni tenia la bacteria ni tenía gastritis. Posteriormente ingirió un cultivo de H. pylori, a los pocos días desarrolló dolor abdominal y mal aliento, y a los 10 días una biopsia estomacal demostró que había desarrollado una gastritis y que la bacteria estaba presente. Se la curó con antibióticos. Al poco tiempo se pudo comprobar como parte de los casos de úlcera y gastritis remitían con un regimen de antibióticos. Marshall hizo de conejillo de indias, en parte por que no era capaz de encontrar ningún modelo animal que reprodujera la gastritis provocada de la bacteria.

Pero, ¿cómo lo hace la bacteria para poder resistir un pH tan ácido?.

Pues, al llegar al estomago se introduce en la capa mucosa que lo recubre con ayuda de su flagelo y se sitúa en contacto con la capa de células epiteliales, que tienen un pH menos ácido. Además secreta una enzima, la ureasa, que al producir amoniaco y dióxido de carbono a partir de la urea, neutralizará el pH (ya que el amoniaco es básico y neutraliza el ácido).

En el año 2005 Marshall y Warren fueron galardonados con el premio Nobel de medicina por su contribución al descubrimiento de H. pylori y su relación con la úlcera y la gastritis. Un premio a la perseverancia y a la lucha contra los dogmas.
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Acerca de Antoni Torres Collado

Siempre me gustó la ciencia, era fan de "Erase Una Vez: la Vida" y de "el Mundo de Beakman". Mi primer libro de cabecera fué "Cosas y Casos" y "Las Aventuras del Coronel Mc Mister". Así que escogí el lado oscuro. Me gradué en Biología, especialidad de microbiología en la Universitat Autònoma de Barcelona en el 2000, y empecé el doctorado en Inmunología y Biología Celular en el Hospital Universitari de Sant Pau i la Santa Creu de Barcelona. Lo terminé a finales del 2007 en el Hospital de la Vall d'Hebron de Barcelona con una tesis sobre proteasas y cáncer, para empezar una estancia postdoctoral en Los Angeles (California) en los campos de angiogénesis, cáncer, desarrollo e inmunoterapia. Actualmente resido de nuevo en Barcelona.
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2 respuestas a El poder de la perseverancia.

  1. perlita1 dijo:

    Este artículo me encantó. Muestra claramente la perseverancia de un científico que viajó contra la corriente, no le importaron los obstáculos, y como ya ha ocurrido varias veces, fue su propio conejillo de indias…hasta demostrar claramente lo que nadie le creía.
    Mi enhorabuena!

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